Más sobre la fundadora
Una salvadoreña de la diáspora que cree que Dios nunca desperdicia las experiencias que pone en el camino de sus hijos.
Hola, me llamo
Lidieth Arevalo
Soy una ahuachapaneca de la diáspora que reconoce que “no hay pájaro pequeño que después de alzar el vuelo se detenga en su volar”.
Aunque he vivido en Estados Unidos durante 21 años, nunca he dejado de amar, soñar y pensar en el terruño que me vio nacer. Al contrario, las innumerables bendiciones, oportunidades y experiencias que Dios me ha concedido a lo largo de mi peregrinaje como inmigrante han forjado una convicción en mí: tomar todo lo que, por gracia, he recibido para contribuir al desarrollo de oportunidades similares en El Salvador. Como dice la Escritura: “De gracia recibisteis, dad de gracia” (Mt. 10:8).
En cuanto a mi vocación, soy productora multimedia, predicadora y educadora, comprometida con dar a conocer el evangelio de Jesucristo a través de quien soy, de lo que hago y todo lo que Dios me ha confiado.
Como cineasta, mi objetivo es combinar mi fe, experiencias de vida y mi pasión por contar historias para crear narrativas audiovisuales que trascienden fronteras, culturas e idiomas; historias que evoquen esperanza, empatía y cambio social entre comunidades e individuos alrededor del mundo. Mi especialidad es en narrativas de no ficción, medios digitales y documentales de corta duración.
Como predicadora, he tenido el privilegio de compartir mensajes y testimonios en iglesias, conferencias y universidades, animando a las personas a confiar plenamente en el Señor y a vivir de acuerdo con el propósito para el cual Él las ha llamado.
Como educadora cristiana en formación, actualmente curso una Maestría en Educación Cristiana en el Seminario Teológico de Dallas, donde también tengo el honor de servir como asistente de profesor en el curso EML5105: Proceso de Enseñanza y Presentaciones Audiovisuales.
Sin embargo, por encima de cualquier preparación académica, experiencia ministerial o logro profesional, mi mayor privilegio es ser una hija de Dios que ama conocerlo y darlo a conocer. Esa es la convicción que da sentido a todo lo hago.
Por eso, mi filosofía de vida es sencilla:
“Aprendo de Dios para vivir, y vivo para darlo a conocer”.